Emotional Business Intelligence

Si bien es cierto que toda organización es un sistema social, en el que un grupo de personas acuerda trabajar en forma coordinada para lograr un fin común, llama a la reflexión el hecho de que, pese a haberse iniciado hace tiempo ya, la Era del “Conocimiento”, muchos de sus directivos aún están renuentes a asumir la gestión constructiva y positiva de las emociones de su gente, al primar para beneplácito de sus accionistas un afán de lucro desmedido determinado por la pretensión de generar las mayores ganancias imaginables en el menor tiempo posible, y al mínimo costo financiero, sacrificando frecuentemente la integridad emocional de las personas. Es algo que he podido observar, entre algunos de mis clientes, y que me hacen pensar seriamente en cómo persuadire (del latín ir a por sí mismos) a dichos altos cargos…

El daño emocional que, a largo plazo, experimentan las personas que dan lo mejor de su talento y de su tiempo a una empresa emocionalmente enferma, no parece ser un tema prioritario en la agenda de los mandos directivos cuando, en la cultura de estas organizaciones, se enfatiza como una de sus pautas normativas, la implantación de un modelo de gestión operacional de probada eficacia y eficiencia, que además de ser frío, pragmático y carente de alma, obra en desmedro de la calidad de la vida emocional de quien ha de ser su activo más importante, que no es el capital, ni la maquinaria, ni los activos fijos, ni los clientes, sino sus colaboradores —no diré ya trabajadores—.

En tiempos de incesantes cambios, como en los que nos encontramos, cuando los ciclos tecnológicos son cada vez más cortos, el entorno de negocios adopta una dinámica de esquizofrénica competitividad, las crisis pueden ser más profundas y frecuentes, y los cambios organizacionales más disruptivos e impactantes, la diferencia entre las organizaciones que sucumbirán ante la emergencia de un “nuevo orden”, y las que sobrevivirán siendo competitivas a través de la innovación dependerá, en gran medida, de cómo ellas sean capaces de desarrollar y expresar su inteligencia emocional, para anticiparse a los cambios disruptivos, ser resilientes para afrontar crisis sistémicas, y operar con agilidad y flexibilidad en entornos operacionales y de negocios muy difíciles e inciertos.

Este es un desafío del que, la Academia, debe hacerse también responsable. Un reto que, para mi grata sorpresa, en CETYS, una Universidad con grandes aspiraciones y buenas maneras, directiva, personal administrativo, profesores y alumnos, están asumiendo como propio y como razón de ser de este nuevo aunque ancestral “homo digitalis“.

Will see…

Publicado por obhsterblog

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